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El color de la pitahaya

A S. D. Asombra la lujuriosa sombra veteada color violeta casi azul del espumante cristal contrastado contra el rojo mantel donde la erótica tropical del aguacate con faldas de lechuga y otras viandas envuelven la severidad de tu rostro transparente por donde pasan hombres mujeres niños niñas amores odios pasiones silenciosamente correría de deseos tensas calmas después del éxtasis por las calles soleadas de la ciudad extranjera con sus aceras desiertas un domingo a media tarde avenidas partidas en dos por la luz herida e hirviente el repiquetear de campanas lejanas tamizado por el bramido de algún auto desdentado un perro ladrando la desventura del tiempo que se va mientras el desahuciado equino cruza cabizbajo la rotonda Borbotean esquirlas de luz en el cóncavo cristal magenta un silencio ambiguo acaricia el temblor de tus manos esas mismas que horas atrás atenazaban las sábanas en un amarre y desamarre de tus muslos bajo el agua turbulenta abrazados furiosamente al movimiento centrífugo / centrípeto de mi espasmódico braceo de náufrago en el encumbramiento Ahora aletean suavemente alrededor del vaso y de la tarde recogen en espiral precisa tus cabellos bajan rítmicamente las escala de tu blusa tu falda de flores Volteás el rostro y muchas ciudades arden dentro de tus ojos brevemente interpuestos en la memoria de los míos tratan de encubrir inútilmente el puente tendido andante desandado en los pliegues nocturnos del fuego sagrado de tu canto tiempo insumiso en la península de la madrugada con las imprecisas meditaciones de alcoba donde tu llanto se confunde con el zumbido del aparato refrigerante gemidos de la noche por la culpa desnuda del cristal sin sabernos amantes derrotados por las ansias perennes y enlutadas en el deseo del otro espejo Tu mano derecha avanza hacia la sangre vegetal levanta el cáliz un sorbo eterno de ojos cerrados comunión en la imagen gozosa de labios y durazno Baja armoniosamente la bebida hasta el rojo extendido sobre blanco donde yacen las ofrendas un imperceptible color grana enciende tus otros labios donde bebo ávida pero suavemente la rabia contenida de estas palabras en la soledad del avión al despegar mientras las luces de la ciudad se difuminan lentamente tras el alcohol de la ventanilla