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La música en la edad de hierro

a Gabriel Macotela Éste no es el viento de los sauces ni el viento de los eucaliptos, ni siquiera el viento que enciende las velas y mueve lentamente los molinos. No es el viento que desplaza las nubes en el calendario del verano ni el viento de la aurora naciendo en las aves. Hermanos, hermanas ésta no es la canción del otoño ni la canción de los amantes naciendo el amor a la luz de la luna. Éste no es el ritmo de los cristales de nieve ni la danza alterna del día y la noche, ni el pausado ritmo de tu respiración y es mi respiración... escucha: Es la voz de las ciudades enfermas sin remedio ?las láminas, los dados, las varillas?. El ubicuo motor y el desconcierto de una época que se disipa. Es el sonsonete trillado que en el Apocalipsis encuentra un eco de la transformación: El reino de la velocidad y los signos cruzados del tiempo. Es el estrépito insensato de la industria ?las fábricas mil veces explotadas?. Rastros de herrumbre y gases insidiosos. Las fábricas, no tú ni yo. Fragor, fricción y bruma entre la maquinaria ?horrísono chirriar en esta edad vacía, en este barril sin fondo?. Es el idioma internacional de la usura. La nueva lengua universal: El esperanto de la infamia ?los alambres, los picos, las cadenas?. La edad de hierro no reconoce otra voz. Pero no puede prolongarse eternamente la caída porque el ruido tiene límites... escucha: Éste no es el viento de los sauces ni el viento de los eucaliptos...