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Poema.es

Ningún gato

Conduciendo el automóvil por la carretera, en medio de la noche la luz de los focos abriendo la noche, rasgando las tinieblas como una navaja, sobre el asfalto negro las señales indicadoras a los lados del camino, gigantescas luciérnagas de electricidad, brotan los amarillos, los verdes, los rojos nada se distingue en torno del automóvil que cruza solitario devorando millas a su paso como un león sobre una alfombra fosforescente ocurren los accidentes menores, aquéllos en los que ningún humano sale herido atropellar un perro, un pájaro que se estrella contra el parabrisas pero ningún gato, yo he visto morir seres queridos casi en mis brazos he sentido el sabor de la muerte en mi taza, yo he visto el sufrimiento más severo, el daño más cruel, el dolor más intenso eclipsados por la resignación y la paciencia, eran mis bienaventurados, pero ningún gato, he visto caballos destrozados al borde de la carretera disputados por perros salvajes, he visto ovejas rojas cerca de tajamares, y cuerpos desconocidos rebotando en el cemento pero ningún gato, no siento nada especial en cuanto a los gatos pero siempre me he preguntado adónde van a morir porque nunca he visto un gato muerto. Yo que duermo con estertores finales en mis oídos, yo que he conocido el amanecer cara a cara con la muerte, yo que he lavado, con el puñal del último suspiro, el cadáver más querido, yo que cerré ojos para siempre como si fueran mis ojos, yo que nací sin hermanos que me abrazaran para consolarme y ningún gato, ninguno, he visto muerto estoy por creer que las siete vidas fue un regalo divino que Dios consideró no merecíamos.