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Amantes clandestinos

Uno va internándose en la fatiga horizontal que llega a seducir los huesos y el silencio como si fuesen huéspedes fugaces o amantes clandestinos. Y un día nos sorprende descubrirnos dueños de una morada abierta a la intemperie de toda soledad. Vamos tendiéndonos junto a nuestra sombra arropándonos con ella. Hay un cambio de piel que nos desnuda. Y la fatiga invade. Murmura otros idiomas que no son extranjeros pero emplean sin voz otras palabras. Para no herirnos. Para no decirnos que hemos comenzado a habitar el adiós.