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Quien puso en ti su mano

Quien puso en ti su mano tuvo ardiendo la carne y perfumó su corazón. Desde entonces mi piel se ha acostumbrado a dormir en una sola habitación. Después de tanto tiempo de visita los dedos aprendieron la lección. Las brasas de por fuera son por dentro distintas al tocarlas como son. Andar entre tus cosas una noche es igual que asomarse a algún balcón. Los brazos se hacen huéspedes sabiéndose un jubileo y una jubilación. Desde entonces no hay nada que no sepa a mercado y a venta de ocasión. Quien puso en ti su boca ha conocido las pavesas de su incineración. Amar es muchas veces una herida con una cicatriz de quita y pon. Quien deja sus dos ojos en tus labios enferma al encontrar su curación. Ahora recuerdo cómo anduve a tientas hasta oírle la voz a la emoción. Quien puso en ti su mano ha sucumbido al fuego de su propia combustión.