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El infierno está en mí

Pasos de un peregrino son errante Góngora El infierno no son aquellos otros que siempre se quedaron lejos de mi calor: el infierno soy yo. Mi nombre es el desierto donde vivo. Mi destierro, el que me procuré. No me he reconocido en este mundo inhóspito, tan ancho y tan ajeno. Supe que mi equipaje, demasiado indeciso, pronto me delataba: este mundo tampoco se reconoce en mí. Yo siempre estuve fuera, en otra parte siempre. Soy una extraña aquí. Sólo tengo una fuerza, sólo un secreto acaso: esta voz que me escribe, el doble que me habita en el silencio. Este otro, mi infierno, el vértigo que al despertar me empuja a una huida sin fin. Estos son sólo pasos de un peregrino errante. Los caminos que no me pertenecen, las palabras prestadas que los días dejaron en mi oído.