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El vigilante de la nieve (IV)

Fingía un rostro en el aire (hambre y marfil de los hospitales andaluces); en la extremi- dad del silencio, él oía la campanilla de los agonizantes. Nos miraba y nosotros sentía- mos la desnudez de la existencia. Velozmente, abría todas las puertas y derramaba el vino so- llozando, nos mostraba las botellas vacías.