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Poema.es

Donde el sexo recibe la más ardiente dádiva y corresponde con igual generosidad

Cúspide del incendio: un edicto de fiebre nos reclama con su sed de amapolas el óbolo final de este preludio tan largamente hermoso. Ya se abren tus pétalos, ya escucho tu rojo palpitar, la balada candente que surge de tu hondura. Qué respiro, qué aliento inagotable en este fontanar, en esta alegre herida: no hay camino que no conduzca a ti, ni singladura que no rinda sus naves en tu ardiente bahía. Con la urgente liturgia de los dioses me invitas al banquete: qué impaciente rubor, qué madrugada se desata en mis labios al ver ese verano, ese intenso verano que en ti se despereza... Ya se arquea la cumbre de tu ojiva, y tu umbral se me brinda enardecido, y se agita en sus ascuas tu vivo campanil, el diminuto crisol de tu arcoiris. Ya te acercas voraz cuando te ofrezco mi altivo pedernal, mi masculino resumen de la brasa: Muy despacio mi furia se sumerge en la dulce penumbra, va llenando tus huecos, recorriendo tus pliegues, habitando tus lentos terciopelos, las sedas y damascos de tu cauce. Qué fluvial acogida, qué refugio, qué olvido en este algar, en este tibio infierno que me ofrece su abrazo y su dominio. Da comienzo la danza ritual, la felina pavana que nos funde en un secreto antiguo, y crece su fervor, y se reitera su mórbido vaivén, y se convierte en un tenso galope, en un rítmico vuelo sucesivo... Desde lejos, desde el puro linaje de la sangre, un huracán de fuego se aproxima, avanza, nos rodea, nos invade con su veraz augurio. Qué tierna combustión, qué llamarada, qué horizonte de polen su premura: ya está junto a nosotros, ya nos roza, nos prende, nos envuelve, nos cubre... Y al fin llega la lluvia, nuestra cálida lluvia enloquecida, dos frutales tormentas al unísono, un vendaval de espigas compartido, un feroz manantial que nos devora. Y después, un estero, un clamor, una larga ribera, un cántico a la vida. * * * Ahora todo es paz en esta alcoba. Las paredes no salen de su asombro. Las lámparas envidian nuestros cuerpos. La noche nos contempla emocionada. Detrás de los cristales, el invierno camina.