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Diáspora

A Pablo Antonio Cuadra Vi a mis hermanos nicaragüenses, a hombres de rompientes horizontes en busca de esperanzas que gravitan en sus pechos, a mujeres dulces con mares y enigmas esparcidos en sus días, a mujeres dulces con mares y enigmas esparcidos en sus rostros, contrabandear con sus propias desgracias; con lo prohibido, con falsos documentos, hospedados en hoteles de mala muerte y bajo la tutela de los coyotes en tránsito a los Estados Unidos. Son inquietas y desdichadas personalidades comunes tras el sueño galopante y necesario que despierta el país del norte, la promisoria tierra de orgiásticas contradicciones y ensueños. ¿Qué gérmenes nos destruyen en silencio? ¿Qué mal estarán las cosas en mi país que este rumbo los arrastra inciertos a la expectativa carnal de la vida o la muerte? ¿Es que a la Patria, como a una muchacha prohibida, nos es imposible acariciar? ¿Qué vacío ha de llenar sus esperanzas, luego de ganadas las infranqueables fronteras? Nos ha llovido sangre y se han secado ya los ríos de leche y miel que nos prometieron. Guatemala, 1987