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Poema.es

Adagio

No me acuerdo de las calles, de los primeros fuegos. Tú me esperabas silencioso y azul como una ofrenda. Tu mano me retenía tardes enteras, con la claridad de los pájaros, recorrías la monotonía de tejados y alamedas. He reconocido con sorpresa y piedad el frío sonámbulo de una tregua. Reconstruyo con extrañeza tu delgadez de pequeño elfo. Tengo tierra y sangre hasta mi tranquilidad más recóndita. Hace tiempo que he renunciado a vaciar mi buzón, a recorrer los jardines invisibles de tu sexo, y me cubro de escalofríos desde el principio de los tiempos.