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Poema.es

Memoria para el año Viento inconstante

I Sí. Ya sé. Ya sé yo que lo que os gustaría es una Obra Maestra. Pero no la tendréis. De mí no la tendréis. Aunque se vuelva, comentando, algún maestro del humor entre vosotros: -Poco trabajo le costará cumplir... Aunque sepa hasta qué extremo las amáis. Sé cómo amáis la Música. No la de los negros, por supuesto. Ni la guitarra a lo rasgado, por tientos, esa brisa seca de uñas y plata. Ni el endiablado son de la Múcura que está en el suelo, o Rosa de Castilla con su largo alarido al comienzo... sino ¡BACH! Ultimamente sobre todo Juan-Sebastián Bach. Yo os he visto alzar la tapa de la discoteca, oyendo en vuestros sagrados depósitos de música estancada cómo cae el Concierto, y tirar de la cadena purificados por el suceso musical puro. ¡Con qué libertad respiráis! casi voy a decir que vivís como hombres por un momento. De tal modo saboreáis el aire salado de la emancipación al salir por la puerta, la puerta giratoria y afelpada -que se traba- del Museo de Bellas Artes. Y ya cerrarlo con doble llave. Y haber cumplido con la tercera y última de las variaciones de las variantesde la Battaglia. Irse sin dejar nada pendiente con la figura que toca el pífano y el tambor en el Cristo de los Ultrajes de Grünewald. En paz con el exigente Maestro de la Leyenda de Santa Ursula. Gran día para vosotros. Ese de la Obra Maestra. Una antigua necesidad: el holocausto del propio ser. El deseo de imponeros algo perenne y tribunal. Y otro. Más rabioso, más trémulo: el deseo de tener un pasado. Un pasado por fin que oponer al maldito presente. Un pasado adornado con todas sus plumas. Con su perspectiva de adecuada jerga, con sus categorías históricas y su problematismo crítico-cultural precisado en función de una radical revisión de... Y la larga, accidentada, alucinante teoría de los géneros y los estilos. II Si no estuviera el otro. El difuso terco mundillo del amanecer. La pululante línea de la imperfección y el anonimato. Más informe en el año del hombre y dudosa que en el año exterior los renacuajos moviéndose sin dignidad, que la crisálida de una abeja en su célula cuando no es sino un poco de saliva ciega y moho, que esas medusas que olvida el mar aun sin hacer, translúcidas al asco. Ahí velaremos. Como sagaces hijos del siglo. Como el Iscariote, que no conoció almohada. Alertas centinelas en la púrpura penumbra del umbral. Celosos polizontes con la diestra en la cartuchera de cuero al pie del sicomoro. Cada hoja tendrá su guardián. El más mínimo remolino de savia el tiempo necesario de cumplir su revolución su breve furor elipsoidal hasta pintarse como un leopardillo y ya ni Salomón en toda su gloria (o tendrá más tiempo: todo el vasto y soleado tiempo de no cumplirla y abdicarse a sí mismo y perderse). No es una amenaza. Tampoco exageraremos. Pero ni un solo murmullo será malogrado. Ningún lenguaje estéril y ameno brutalizará los reciencapullos, los brotes del presente que asómanse predicando lo que todavía no es cierto. La fina sombra de una lanza llena de tacto guardará el paso cálido, distinto al anterior, casi indecente de una pulsación de segundo. El milagro de un entendimiento súbito entre dos sangres extranjeras. Aceptaremos sin entender cualquier discordancia: el más aprendiz de los palmoteos el más inventado de los borbollones. Porque de lo seguro salimos a reposar en lo inseguro. En lo peligrosamente sesgado como doncella cortante veloz como desde un puente. Del puente a lo escapado a lo demasiado huído a lo frío saltamos ¡impacientes! Y más si se quiere. Que el tránsito de una burbuja nos sea viaje largo y fatigante. Una piragua de papiro en el centro del remolino es fortaleza, chato torreón de piedra, ante el inseguro inestable vacilante hogar de un corazón inclinado al esbozo. De un corazón de hombres dóciles flexibles vulnerables como un colibrí es siempre un colibrí agudo ardiente rápido. Y más hombres: los que llamaren. Como ese colibrí es tantos diferentes colibríes agudos ardientes rápidos. A cada arranque imprevisto ¡un nuevo colibrí sin memoria! Agua fluctuante y pan preparado sin fatiga, delicioso como agua desaprovechada que se mira correr y riqueza no guardada para mañana (recibida prestada en el viento escrita) agua móvil como sólo ella sabe serlo y jirones de plata donde ninguno se repite y de ninguno es posible hallar vestigio... Lo que a los planetas eternos les fue negado y concedido a una chispa: desaparecer! -Ese lujo- dice el coro. Y vuelta a lo mismo: de lo seguro para girar en lo inseguro en lo ondeante adoncellado y con andares aptos para el desmiembre el date vuelta en lo que como lomo de paloma amarillea y ala untada de plata y gala de la mañana y que pasa de nosotros con liberalidad projimal o nos es quitado por asalto o rechazado (arrebatado por rechazo) o birlado vulgarmente o registrado chabacanamente destruido desplegado con vocerrón devuelto con las patas (¡y para nosotros gala de la mañana!) pero que vuela saca las uñas duerme vive ahí -¿en dónde?- ¡aquí aquí en el entornado desierto mundo del amanecer. Y no domado dulcificado acorderado bajo velocino sino amenazante!