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Poema.es

Dios encontrado

Dios está aquí, sobre esta mesa mía tan revuelta de sueños y papeles; en esta vieja, azul fotografía de Grindelwald cuajada de claveles. Dios está aquí. O allí: sobre la alfombra, en el hueco sencillo de la almohada; y lo grande es que apenas si me asombra mirarlo compartir mi madrugada. Doy a la luz y Dios se enciende; toco la silla y todo a Dios; mi diccionario se abre de golpe en "Dios"; si callo un poco oigo jugar a Dios en el armario. Abro la puerta y entra Dios -¡si estaba ya dentro...!-; cierro, y sale, mas se queda; voy a lavar mi cara y Dios se lava también y el agua vuélvese de seda. Dios está aquí: lo palpo en mi bolsillo, lo siento en mi reloj y, aunque me empeño, ni me sorprendo ni me maravillo de verlo tan enorme y tan pequeño. Me lo dobla el cristal, me lo devuelve hecho yo mismo -Dios, perdón- su frío y no acierto a explicarme por qué envuelve su cuerpo en este pobre traje mío. Hoy he encontrado a Dios en esta estancia alta y antigua en donde vivo. Hacía por salvar, escribiendo, la distancia y se me desbordó en lo que escribía. Y aquí sigue: tan cerca que me quemo, que me mojo las manos con su espuma; tan cerca, que termino, porque temo estarle haciendo daño con la pluma.