Del castillo feudal y sus zozobras,
hago arpa, laúd y guitarra,
y subo a la torre
en el puente levadizo
de tu bellísimo vientre.
Describo tus ojos,
el arco de tus cejas.
Toco tu mirada,
presiento tu boca,
y tu sonrisa estalla
en mis brazos,
sobre tu talle estrecho.
¿Hay mayor placer
que una caricia
de tus dedos largos
en la embriaguez
de mi jardín alborozado?
Bifurcaciones en busca de espacio
Más poemas de Carlota Caulfield
Ver todos (17) →
Carta de Camilla de Pisa a Francesco del Nero
Carta de Lucrezia Borgia a su confesor
Carta de una virgen del sol a su amante
Durante el Renacimiento, siempre hablamos de amor
En esta hora apaciguada y dulce
Encerrada en Pastrana en 1585, pienso en ti
Escenas renacentistas (I)
Escenas renacentistas (II)