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Desnudo (I)

Cuerpo, soledad, fantasma mío, hoy descubro que existes y eres hermoso. Has alcanzado el esplendor de los antiguos imperios y contemplo pájaros y peces que vienen a morir a tu orilla. Buenas noches, la ciudad está temblando en ti. No sé si es mía esta fragilidad, si es dolor, o si es el sabor dulce de los muchachos que llegaron tardíamente. Habrá veranos, vendrán palomas otra vez sobre el arco de tu espalda. Cuerpo mío, frontera donde mis semejantes se pudren y festejan te regalo a las cámaras fotográficas, a la luz, a los ojos que quieran contemplarte; me deshago de ti, me burlo porque no sabes conducirme más allá del momento donde estoy contradiciendo, hablando con los dioses. En ti entran los forasteros, ladrones que miro con cierta repugnancia y placer. Ya estás repartido, ya no existes, eres sólo una libélula revoloteando sobre el fuego, una flecha señalando la oscuridad hacia donde vas a partir y en la cual te contemplo, a contraluz, aún hermoso, trampa donde se viene a mori