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Vísceras planetarias

A Edmundo Barbero, mi padre Cuánto diera por saber lo que tarda el agua en convertirse en agua viva. Plena de musgo, de algas, de trasparencia oscura al ojo no avezado en la meteria. Y cuánto diera de mí en el sabroso desgaste hacia lo humano. Hartarme de gente y no llenarme nunca. Ser el nuevo metabolismo de la civilización occidental, torturada cultura de las llagas y mil púas invisibles saliendo por todos lados... Me conmueve el no saber el hacia adonde de lo nuestro. De lo que hemos hecho nuestro sin propiedad, tan sólo porque existe una sangre y unas células heredadas del inmenso pasado. Y en esta incertidumbre visceral, a la que no he podido acostumbrarme todavía, continúo mi escrutinio y el hallazgo, es siempre permanente. Nov. 7/1978 S.S.