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Y vino Dios un día...

Y vino Dios un día a jugar conmigo. Juntos fuimos al Hombre. Recorrimos al hombre. Gozamos en el hombre. Mi ser ya no podía con su infancia abierta, ni Dios con su cansancio. Nos miramos. Nuestros pies unieron las piedras y así formamos un cementerio sin cruces. Ya nadie podría beber nuestras angustias y nadie tendría en sus distancias flores de papel. Nos llenamos de hormigas. De soledades abiertas y cerradas. Dios habló. Me fui yendo poco a poco y dejé al hombre solo. Mañana será otro día me dije. Pero el día no vino. Y Dios quedó encerrado. Empecé a llorar.