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Poema.es

A Sor Juana Inés de la Cruz

I ¿Quién soltó de tu pecho la impaciente paloma musical que en fuego sube? ¿Quién puso en los cristales de la nube la misma luz que cae de tu frente? ¿En qué silencio de estupor vehemente te pude descubrir y te retuve? ¿Qué flamígero dardo de querube marcó el instante con su filo ardiente? Espacios deslumbrantes, voz ceñida a las ígneas raíces de la vida y el ansia de esa voz determinada. Una irrupción de signos en tu cielo. Y bajo el arrebato de tu vuelo yo, Señora, pequeña y hechizada. II En la rosa salvada, en su pureza que sube hasta la luz y en ella habita, llamo a tu corazón y te doy cita para hablar de tu blanca fortaleza. Llevo una mariposa en la cabeza y otra más deslumbrante me visita. Soy la que nada sabe... la que agita su alma y su voz detrás de la belleza. Mis jardines pequeños, entregados al duende, al ángel verde... son aliados de todo lo que vuela y lo que brilla. ¡Cómo no darte a ti, -tan voladora,- mi ceniza de rosas y esta hora en que vuelve a ser rosa la semilla!