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Poema.es

Un amante de la comedia humana no debería hacer pactos de pudor con sus semejantes

A mí dame las nubes, ellos pueden quedarse con el viento ahora sin nada para empujar. El grito del afilador, las hojas curtidas de enero y febrero y todos los demás sonidos humillados. Ves la lluvia cómo a ratos pierde fuerza sobre el capot de un auto que pasa. Hombres nacidos del mismo parto estorbándose unos con otros por la escalera mojada hacia los cuatro molinetes del subte. Alejarse y morir en un segundo. Y hay palomas que se pisan y zurean en una cornisa de la Concepción sucia de hollín, esos metecos refugiados en el atrio para con dedos cuarteados trenzarse en discurso de tortuga. Y la florista que arma el ramo según se le indicó, tan parca, tijeras en mano tzac tzac casi maníaco. Hasta un robot pondría más sentimiento tratándose de simples tallos.