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Poema.es

El conocimiento perturba

Debajo del agua encima de la tierra En los bosques para el tacto en el fuego Sobre o entre el cielo transformado en el peor ahogo Bajo las miradas asfixiantes de los seres Entre las hojas siempre verdes listas a escuchar En medio de las sombras los cuerpos de la luz En el mundo o el sueño El hombre roba lo que puede a la verdad Muy náufrago soy pero no ceso en mi trabajo De poner calor al frío agua a la aspereza Mi trabajo es verdaderamente inmoral Hasta el momento de morir nadie descansa Equilibrando contrapesando queriendo saber Con nuestro orgullo que quiere tornar parte en la naturaleza Con nuestros vestidos contra la desnudez Nuestras palabras contra el silencio Nuestra población contra la soledad Nuestro andar contra la vejez Sólo logramos creer en algo difuso Porque en ese difuso estarnos presentes Pero con nuestro saber sólo logramos Robar algo a la verdad Equilibrar todo negar el desorden verdadero (Sin duda, es lamentable nuestro afán impurificador. El astrónomo, el físico, el paleontólogo son los peores canallas Dormid, señores: dejad nuestra admirable confusión natural en donde deben moverse las plantas con su calor primitivo, interceptarse los astros sin clasificación y las flores romper el paso por nuestra sien: Hombres que aman la mugre de un falso conocimiento; sólo logran ensuciar con su aliento lo que podrían contemplar frente a frente, en el éxtasis, o en el sueño, que son buenos medios de contacto). las abejas en su catre de bronce los gallos inventando juegos sobre el mármol los gobiernos intranquilos la revolución como moscas a los cristales de la sordera no llames volemos entre las ampolletas qué campanadas más tontas róbale a la verdad róbale una cinta El hombre nace en el movimiento Todo equilibrio toda detención Irrealizan el mundo en su pura impureza El cielo que cubre todas estas cosas Estas pequeñas luchas trascendentes Podría decir 'No llevándote nada de mí llevas mi mayor parte' Pero en vez del cielo hablamos nosotros Y en vez de la hormiga salada -para nuestra desgracia- La sal detiene los alimentos.