📜
Poema.es

Monólogo de Da Vinci ante lo más conocido que pintó

El beneficio de efigie no lo era (ni detrás de las madréporas el estruendo en su otero otra vez) y tú, estados de ti por la tundra, a traer sargazos con quien goza (casi como del cielo saliéndote) en esa la vez cuando un botón si tocan la verdad y por boreal hasta el último abeto que la ve. En el tiempo detenido delante la carnada daba al alma como ejemplo, el silencio salva a la sabiduría y deja de preguntar. Mientras llueve en el jardín de los rivales, la albahaca bañada por la soledad de los símbolos aguarda alegres ratos de estos, el dividendo que vino primero. A merced de la senda el deseo más entre las mustias retamas y yo ya uno en las horas tuyas llamando a la luz un hallazgo. (Los que estuvieron hablan de la promesa de serlo y según la ganancia, el higo fiel y al final: la res que agradecida regresara) Manera sería de filtrar las dotes, de dar portento a los esparcidos. Y en blando cetro con la madre a emprender: sea trébol extraño rastreando la respiración de los muertos que aún no empezaron. Todo eso que el sueño conocía: la cuadratura de una taza de té, el árbol de la índole, la orla de largo pegamen, cuando sólo la soledad cambiaba de posición. En mitad del centro su ántropo la hacía apariencia en persona: algo la cuida, una historia, una inercia incierta de saber que sí. Lo que quedaba para un habla era aquella llaga fría de follaje llenando la noción de la lluvia, el nacimiento de los samurais. Pero la osa de satén al saberse abotonada, en víspera todavía. Toca por ver si Bizancio vino a dar vuelta como el venteveo. Ella para el resto del estambre obra con la causa en desorden. Aja el origen lo propio de las cosas calmas, la belleza en la cara contraria no se atraviesa. (Y yo, para traerte cerca de ti.) Eran de la aridez las limosnas, la certeza de saquear un costo. Preciosa filantropía: el cuerpo da sombra y el suyo, Da Vinci. En el siglo de los albaricoques, un alud de óleos y lejanos ojos que daban vuelta y dejaban ver. Con ellos, el llanto a otro loto, la carga, un caracol, cosas allí. La espuma puesta en el puma, ámbito que ninguno deshabita, lapsos de seda como si dijeran y en el lado de quien anhela lo elemental, mejor definición de Narciso: la nada en ti entenada. A otra entonces con la sed y el palo amplio aplicado al perdón. Cumple el plan con lo espiable; nadie por el hado entre adornos entrega al braguero lo que sabrá, agua dejada entre tantos agüeros. A esa hora, el merecimiento y la mitad, las zonas al azar soñando. Toda ansia a saciar, y ya escrita la cripta que por enero te venera. Queda la edad, el entendimiento: el sol en el brillo es lo más veloz, la Luz se detiene entre nosotros.