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Desaparición de Rodrigo Lira

Algún día se sabrá que hicimos nuestro oficio el más oscuro de todos o que intentamos hacerlo Algunos ejemplares de nuestra especie reducidos a unas cuantas señales de lo que fue la vida en estos tiempos darán que hablar en un lenguaje todavía inmanejable Las profecías me asquean y no puedo decir más. Enrique Lihn La musiquilla de las pobres esferas, 1969 Para despedirme de ti, Rodrigo, me asomo a esta hoja en blanco en que tu rostro aparece de repente como un expósito tiritando a la intemperie. Qué hemos de hacer sin ti, Rodrigo, sin esas cartas que nadie jamás te respondió, sin aquella sonrisa desolada que ni diez mil psicoterapias cambiarían. Con qué norte vagar ahora por Santiago, con quién beberemos el café que nos dejaste sin azúcar y helado como este vientecillo con que la noche va tatuándose en nosotros. Que me patee Dios, hermano, si estoy haciendo retórica con tu nombre así como la prensa hizo crónica roja con tus venas cortadas en el baño. Te escribo este adiós con las manos chamuscadas y torcidas. No siento ni mi cuerpo ni mi sangre. Mi cabeza quedó dando tumbos allá en el crematorio. Alguien viene horadando nuestras gargantas hace tiempo. Pero no importa. Nosotros quedaremos en silencio para que tu voz haga vibrar entera esta ciudad.