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Compás de espera

Mi pasado está invadido y lloro lentamente. Me ha llenado de miedo una noche en el Neva me ha llenado de fe una tarde en Bakú. Se quedó Samarcanda como alguna promesa y la calle de Arbat para soñar a Eszenin siempre, siempre. Erré como torcaz aplastada en la calle por un caballo ciego. Me dan miedo mi pueblo y sus hombres mientras Jesús del Monte se derrumba en silencio. Una ciudad de espejos y banderas y su empinada ronda de tenores. Yo regreso a mis pájaros al pequeño amarillo que no canta. Ya no tengo balcón ni noches junto al mar y otra campana traza mis compases de espera. Estorbo como estorban los almendros y en el farol se queman algunas mariposas. Ciudad y almendro y yo ay, qué desgracia.