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Poema.es

Entre la dicha y la tiniebla

Como quien toca con un dedo la punta fría del agua, mareándose de sólo su transparencia demasiada, me he puesto yo a mirar el no ser infinito que me aguarda. Los soldados de plomo están apenas en su caja y entre la dicha y la tiniebla no queda sino el filo de la lámpara. Qué poco todo, mi amor., y cómo es corta la esperanza, cuando venimos a verla ya se nos acaba y están los hijos corriendo más allá de la mañana. Pienso en la tialola de alguna familia egipcia o franca y en el sabor de sus pasteles que ya no saben más a nada, y entonces nuestras bromas van y se me atragantan mirando que algún día tendrá otro que inventárnoslas. Contemporáneo de los Césares y de Moisés y la Pequeña Juana y de abolidos albañiles colgados como arañas sobre la piedra de los siglos, sobre su cara mala, todo el pesar del tiempo me va a caer sobre la cara. Como quien toca estremeciéndose la punta fía del agua, miro la noche tanto más grande que mi casa, la noche tnato más enorme que toda la Vía Láctea, y abajo mi conciencia como una vela en una iglesia abandonada. Qué poco todo, qué poco, para tanta sombra ?tanta.