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Poema.es

Esos días estraños...

Vienes de afuera. Traes vitales adherencias en la mirada clara. Se te ve el regocijo. El júbilo te invade. Repites nombres, cosas. Y al punto te detienes en ese espacio grave de distancia que existe en ese espacio grave de distancia que existe entre el fervor que traes y el silencio que habito... ¿Qué tengo? ¿Qué contorno de penumbra me sella y me fatiga? ¿Bajo qué precipicios cierro los ojos tristes y apenas ya converso con brumas imprecisas? ¿Qué sucede que apenas te conozco, que tu mirada clara se me borra en las manos y me enredo en mi noche y mis recuerdos? Pronto ves que no entiendo. Que no estoy. Que no escucho. Que irremediablemente me pierdo en esa umbría donde, ciego y perdido, rompo mis pobres báculos que he bajado a una estancia de fiebres invasoras de donde extraigo, huraño y melancólico, mis diarias cosechas, mis vinos silenciosos. Algo quieres decirme. Algo quieres contarme. Pero no estoy. No siento. Persisto en mi guarida. Me hospedo en esa niebla donde a veces me pierdo, bajo la estera oculta donde me afano y doblo, en la triste carlanca donde enfundo mi sangre, en mi agujero amargo.