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Pavesse que fue ayev

Vendrá, ya lo intentó tres veces Pensará que ha hecho cosas Pero no las hizo La muerte como la soledad, son compañía en los verdaderos silencios y tendrá que vestirse de nuevo acaso con las mismas ropas Tus ojos se estarán luciendo pergeñando guiños certeros Esta muerte que cambia de escena acto tras acto que nos acompaña de ilusiones tardías de la mañana a la noche de la noche al viento insomne en cada víspera inmutable como un presagio sorda, como un viejo remordimiento o un vicio absurdo Lo gritan, lo están gritando Tus ojos noblemente inmaduros Cómplices de mi entelequia Serán una palabra vana La alegoría de mi garganta Un grito acallado en las sombras El mensaje inesperado Un silencio Así los ves cada mañana Saciados hasta los huesos de estrellas Me ves desde lo húmedo Cuando te inclinas sola ante el espejo ¡ Oh querida esperanza Infierno lento También nosotros aquél día En que nacemos de infidencias Sabremos que eres la vida y la nada! La muerte tiene una mirada para todos La tuya se me quedó incrustada Ni siquiera pudo matarme Tres veces lo intentó Vendrá la muerte y tendrá tus ojos Será como abandonar un vicio Devolver los escarnios Como ver que emerge de nuevo La vida en la memoria La perpetuidad en el recuerdo Un rostro muerto en el espejo Ese olor vacante de tu cuerpo Como escuchar un labio cerrado Un beso tardío La base para unas lágrimas Descenderemos al remolino, mudos Para que nada de lo que te nombraba Ya te nombre Y que si viene otra vez la muerte Y trae en sus manos tus ojos Los deje en mi mirada Para que yo decida.