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Poema.es

Esta silla

Le pedí a esta silla que te esperara. Disculpa si permanece fiel a mi desgracia, si la encuentras firme como un soldado. Ella no quiso dejarme solo. Le hablé de ti con más pasión que la polilla. Tuvo a bien agradecer con calma, con resignada paciencia y con fricciones -la casi inaudible voz de su madera-. No se quejó como el casero, no puso en duda mi avaricia, no tuvo roces con mis llagas. Por eso te espera, obediente; por eso dice que estuve solo y que mis abrigos ya no abrigan; por eso nos ves aquí, más honestos y amparados que una rabia. Siéntate. Ahora dinos que llegaste. 18/VI/2000