📜
Poema.es

BREVERÍAS

92 Sentirás una noche de repente tibio temblor que sobre ti resbala. No es el roce de un ángel con el ala, sino mis labios al besar tu frente. 97 ¡Cómo me sorprendió la mansedumbre de tus manos rozando mis mejillas! Haz de esa iniciativa una costumbre, yo seré el río, y tú las dos orillas. 100 Me acercaré a tu espalda con ternura Reclinando en el hombro mi barbilla, rozaré suavemente tu mejilla, y anudarán mis brazos tu cintura. 106 Me esperabas con alma descubierta, y el alma entera con pasión te di. Me entreabriste tu más secreta puerta, y mi puerta secreta yo te abrí. Mi vida estaba estéril y desierta, y entraste en ella cuando entré yo en ti. Y sólo quiero al verme en tu mirada, tenerte para siempre penetrada. 123 Déjame entrar en ti por las esquinas, tocándote la mano con la mano, el brazo en la cintura si caminas, o el beso del amigo o del hermano. Pero ábrete también a mis deseos, con impulsos desnudos y humedades, sin escrúpulos y sin titubeos, con invasiones y voracidades. 149 Derrámate en la hierba innumerable, húmeda y fresca alfombra, déjame que te cubra con mi sombra, que mi boca te bese, y no te hable. El viento arrullará los arrayanes, y su perfume te saldrá al encuentro, mientras en ti me adentro inundándote el alma de huracanes. 153 No he de ser en tu vida el alfarero que pueda moldear tu roja arcilla; debo absorber tu espíritu primero para que en mí germine tu semilla; mas quiero ser el único velero que en tu mar trace estelas con su quilla. Tú serás tú, sin modificaciones, susurrando en mi oído tus canciones. 167 Amordaza el impulso del sollozo y suelta la gaviota de la risa que en el azul del mar y de la brisa alzará la blancura de su gozo. Mas si el dolor no duerme su gemido, no cierres los oídos ni le ignores, mejor será que en la tristeza llores, porque el dolor no entiende del olvido. 177 Lejos estás de mí, pero tan dentro te llevo que jamás podré perderte. Y tan presente estás en mí que encuentro imposible mirar algo sin verte. 199 Hay lágrimas en mí cuando tú lloras, y habrá sonrisas cuando tú sonrías; permíteme que arranque de tus días un ramillete de olvidadas horas, para alargar tus noches, y las mías, retrasando la luz de las auroras. 200 Cuántas veces mi cuerpo ha percibido la magia y el calor de tu contacto, y cuántas en el alma he recibido tu entrega, sin haber firmado un pacto. Tu impulso, generoso y decidido, fue un estado de amor, no un sólo acto; y habrá de prolongarse en permanencia con cada beso y cada confidencia. 206 Despierta mis estímulos de amante, sal del letargo que ata tus sentidos; te quiero frente a frente, cimbreante, no espalda contra espalda, ambos dormidos. 242 Te vas, me voy, qué fría es la distancia, qué largo es el camino que divide: Que tu amor permanezca en vigilancia, me sueñe cada noche, y no me olvide. 247 Me has llevado a tu sueño, amada ausente, y en ti perdido me encontró la aurora. No despiertes, que aún no llegó tu hora: Suéñame, amor, interminablemente. 270 El muro de Berlín que te rodea debe ser abatido pieza a pieza; yo colaboraré en esa tarea, pero el desmantelar tu fortaleza debe empezar por rechazar la idea de que es debilidad la gentileza. Eres frágil?y ¿qué? Así es la rosa, y entre las flores es la más hermosa. 278 Introduce tus dedos en mi pelo, introduce tus labios en mi boca, introdúcete en mí con furia loca, aquí, de pie o rodando por el suelo. 308 Fui temeroso del amor un día, por su dolor, quizá, y sus desengaños; pero en el tiempo aquel no comprendía lo que aprendí al correr de tantos años: Miedo al amor es miedo a la alegría, miedo a la vida en todos sus peldaños; y quienes tienen miedo de la vida, la consideran ya medio perdida. 313 Bajo los pliegues semitransparentes de la bata adivino tu figura; deslizando mi mano en la abertura florecerán deseos inminentes al rodear mi brazo tu cintura. 332 Dedos de fina seda tiene el viento, e impulsos de callado atrevimiento; rondándote la blusa le sentí. Percibí sus caricias en tus senos, y cuanto más le dejas, tanto menos parece ser que queda para mí. 343 Si acaso temes o si acaso dudas, piensa en la vida que se desperdicia; acaricia la piel que te acaricia, mira en silencio las miradas mudas. Ríe con el que ríe, y al que olvida olvídale sin más, pero a quien ama ámale con pasión, y que esa llama desvanezca las sombras de tu vida. 368 Alza tu falda juguetón el viento con sus mil dedos de invisible amante acariciando el vientre con su aliento, y pintando de rojo tu semblante, pero no te defiendes de su intento, tan atrevido como estimulante. Si el camino del viento yo siguiera, cómo te haría mía a mi manera. 353 Muerde tus muslos al pasar el río y lúbrico se apropia tu figura; yo te contemplo oculto en la espesura, y percibo un ligero escalofrío anudándose en torno a tu cintura. 374 Tu beso ha recorrido mis sentidos, serpiente de calor y de humedades, vertiendo su veneno en mis oídos, indagando en el vientre oscuridades, ya en juegos silenciosos y prohibidos, ya bordeando en las frivolidades; y de la rigidez a lo flexible, no halló lugar que fuera inaccesible. 391 Si te abrazara el aire, si la lluvia lo hiciera, si la luz, si la nube, si la sombra, si el fuego, no sería un abrazo tan total como fuera mi abrazo por ti mudo, y por ti sordo y ciego. 398 Con los ojos cerrados, con los brazos abiertos, con sonrisa elocuente sobre labios callados, y en doble ofrecimiento los senos descubiertos, y los ojos abiertos, y los brazos cerrados, ven a mí con la audacia que ni duda ni niega, vestida de ilusiones, desnuda de temor, exhibiendo en el gesto definitiva entrega, que te estoy esperando para hacer el amor. 413 Recogeré en otoño tus sonrisas bajo los olmos desnudando el llanto de las hojas, que flotan indecisas, y al fin descansan en crujiente manto. Sobre esta alfombra te hallaré tendida, bajo diáfana cúpula de ramas, sólo de tus deseos revestida, y ofreciendo lo mismo que reclamas.