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Poema.es

Antojo de trampa

          1 Suena el color dorado en las orillas del ojo, del mar del ojo, del mal de ojo. Sueña una imagen color naranja con ser, eternamente, una perseguidora quintaesencia. Por eso, a las trampas del ojo me encomiendo. Y me inflamo, por si llegan a tiempo las pesadillas del cristalino.           2 Caer en la trampa es ver racimos plateados en lo alto de las palmeras cordobesas y en las raíces de los tamarindos sanandrescanos. Y es también, a menudo, sostener diálogos agridulces con animales de origen incierto.           3 Mis ojos, encandilados por tu desnudez, tienen toda la noche por delante.           4 El amor, rodeado casi siempre por un antojo de olvido, avanza resuelto hacia las trampas creadas para cazar osos con piel de leopardo y serpientes con plumaje de cóndor. Y el amor sobrevive a las heridas y ruge, voladora, la envidia de los venenosos.           5 Árboles húmedos pueblan la tierra de la memoria. Ojos de agua llenan las ingles de invenciones jugosas. El lenguaje es la más pronunciada de las trampas.           6 ?A estas palabras menudas se las va a llevar la trampa, me aseguras. Y añades en voz baja: ?Ojo con el hoyo hirviente de las bellas bailarinas tramposas.           7 Muero por deslizar, verticalmente, mi lengua entre tus labios. Por humedecer, horizontalmente, el imposible rencor de tus encías. Se me antojan tus ojos cuando, repletos de placer, miran empavesados espejismos. Desnúdate. Blanquea la oscuridad. Ya crecieron mis uñas. Ya encaminadas van hacia tus labios.           8 No hagas trampas. Mejor impulsa a nuestro hijo de aire por el camino del ciclón.           9 ¿Cómo escribirte en verso lo que miro, si en todas mis palabras hay ceguera?           10 ?Hoy amanecí con antojo de trampa, señalaste. ?Hoy crecerán las ojeras de los perros, añado, temeroso de caer en una trampa rabiosamente perra. (Llegan ladridos de color morado. Cae la puerta de color ladrido.)           11 Repleta de sentido está la luna, llena de nuestros rastrojos destrampados. Pleno por la luminosidad del canto, en los extremos de la noche aparece tu lunar.           12 Nubes a lo lejos, sobre el hilo tenso de la carretera. Frente a nosotros, manos azules desanudando el hilo tenso de la carretera. Puestos a secar, tus deseos cuelgan del hilo tenso de la carretera.           13 En las trampas de los ojos el paisaje y su escritura verde, la tierra y su amor calizo, la luz y sus remolinos amarillos. El tránsito hacia los escalofríos, hacia el vestido recto de la noche, hacia el agua embriagante de la cercanía. La plenitud de tu flor abierta en el espejo, de tu cintura encerrada entre mis manos, de tus labios en el lugar común de mi nombre completo.           14 Ahora, rojo es el lenguaje, rojo como mi lengua cuando pasa sobre la flor labiodental del flamboyán. Ahora, tu cara es roja, roja como cuando se enfrenta a la rubicundez arrugada de mi cara. Ahora, más que nunca, rojo antojo de tus grandes ojos. (Sobre una llave de agua, canta un gallo blanco a punto de enrojecer.)           15 La cordobesa vuelve a ser niña en el cafetal. Las luciérnagas salen a ver sus ojos donde apenas comienza a lloviznar. Los árboles más altos la envuelven con su desenvoltura. Los grillos insisten: cantar es lo mismo que volar. Las luciérnagas, ya como estatuas de las estrellas, aumentan la espesura del cafetal. La cordobesa despierta de su infancia mas los grillos insisten: volar es lo mismo que cantar.           16 Otro día sin verte, sin poner mis pupilas encima de tus trampas. Quiero decir: encima de tus rodillas sin cicatrices, de tus labios amameyados, de tus afiladas rencillas rojas, de tus palabras claves que continuamente preguntan si te entiendo. Otro día sin verte, otras horas de amarte a cielo abierto, de acariciarte en un aire ya sujeto por mi collar de uñas enterradas.           17 Mayo se hizo presente y las nubes entraron a la casa tomando posesión de los floreros. Te imagino con la cara lavada en una mecedora, puliendo monedas de oro. El escaso viento palúdico me trae un olor a camarones vivos, a tehuanas con frialdad de cerveza en los aretes. Un perro iluminado por Toledo trata de morder tus tobillos. Las monedas de oro caen sobre el mosaico y dan con el canto en el origen de los ladridos. Todo se dispersa. Mayo se deja encadenar por el pintor, y el artista y el mes se van con sus resplandores a otra parte. Junio se hace presente con sus altanerías. Es decir, con sus fechas de muerte, rabia y nacimiento.           18 Se me antoja caer en una trampa. Se me antoja escribir que se me antoja caer en una trampa. Si no es una trampa, escribir es, al menos, una caída al pie de la letra.           19 Mis manos, en tu espalda, desconocen la artritis y las sombras de la deformación. Mis manos, en tus muslos, no piensan en un río ni en la inconsciencia de la navegación. Mis manos, en tus manos, no extrañan cuello alguno ni se avergüenzan de un antojo de trampa, de una esperanza de mutilación.           20 TRAMPANTOJO. (De trampa ante ojo). M. fam. Ilusión, trampa, enredo o artificio con que se engaña a uno haciéndole ver lo que no es. Diccionario de la Real Academia Española