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Los jardines de Afrodita (X)

Para cantar mi mente quiero un verso pagano; un verso que refleje la cándida tristeza del azahar, que, trémulo, deshoja su pureza a las blancas caricias de una tímida mano. No amortajad mi cuerpo con el sayal cristiano; ceñid de rosas blancas mi juvenil cabeza, y prestadme un sudario digno por su riqueza de envolver a un fastuoso emperador romano. ¡Que abra la cruz sus brazos en negra catacumba! Yo amo al sol, luz y vida, y quiero que en mi tumba brotes, cual dulces versos, las más fragantes flores. Y que al son de la flauta y del sistro, en la quieta tarde, las locas vírgenes tejan danzas de amores en torno de la estatua de su muerto poeta.