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Segunda evasión

-¿Quién encendió la lámpara perenne de la rosa? ¿Quién desató el pequeño enigma de la hoja, de la apretada piedra donde habita el silencio? Cuando el ángel pregunta ya deja de ser ángel; la ignorancia es la espada desnuda que defiende su rosa de inocencia; la rosa que no sabe ella misma el origen terrible de su nombre, de su propio fantasma cerrado como un nudo de aroma hasta la muerte.