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Poema recitado camino al patíbulo

Ser de inmensa bondad, Dios poderoso, a vos acudo en mi dolor vehemente; extended vuestro brazo omnipotente, rasgad de la calumnia el velo odioso y arrancad este sello ignominioso con que el mundo manchar quiere mi frente. Rey de los Reyes, Dios de mis abuelos, vos sólo sos mi defensor. Dios mío: Todo lo puede quién al mar sombrío olas y peces dió, luz a los cielos, fuego al sol, giro al aire, al Norte hielos, vida a las plantas, movimiento al río. Todo lo podéis vos, todo fenece o se reanima a vuestra voz sagrada; fuera de vos, Señor, el todo es nada que insondable eternidad perece, y aún esa misma nada os obedece pues de ella fue la humanidad creada. Yo no os puedo engañar, Dios de clemencia; y pues vuestra eterna sabiduría ve al travéz de mi cuerpo el alma mía cual del aire a la clara transparencia, estorbad que humillada la inocencia bata sus palmas la calumnia impía. Más si cuadra a tu suma omnipotencia que yo perezca cual malvado impío, y que los hombres mi cadaver frío ultrajen con maligna complacencia, suene tu voz y acabe mi existencia; cúmplase en mí tu voluntad, Dios Mío.

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