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Booz ve dormir a Ruth

La isla está rodeada por un mar tembloroso que algunos llaman piel. Pero es espuma. Es un mar que prolonga su blancura en el cielo como el halo de las tehuanas y los santos. Es un mar que está siempre en trance de primera comunión. Quién habitara tu veraz incendio rodeado de azucenas por doquiera, quién entrara a tus dos puertos cerrados azules y redondos como ojos azules que aprisionaron todo el sol del día, para irse a soñar a tu serena plaza pueblerina ?que algunos llaman frente? debajo de tus árboles de cabellos textiles que se te enrollan en ovillos para que tengas que peinártelos con husos. He leído en tu oreja que la recta no existe aunque diga que sí tu nariz euclidiana; hay una voz muy roja que se quedó encendida en el silencio de tus labios. Cállala para poder oír lo que me cuente el aire que regresa de tu pecho; para saber por qué no tienes en el cuello mi manzana de Adán, si te la he dado; para saber por qué tu seno izquierdo se levanta más alto que el otro cuando aspiras; para saber por qué tu vientre liso tiembla cuando lo tocan mis pupilas. Has bajado una mano hasta tu centro. Saben aún tus pies, cuando los beso, al vino que pisaste en los lagares; qué frágil filigrana es la invisible cadena con que ata el pudor tus tobillos; yo conocí un río más largo que tus piernas ?algunos lo llamaban Vía Láctea? pero no discurría tan moroso ni por cauce tan firme y bien trazado; una noche la luna llenaba todo el lago; Zirahuén era así dulce como su nombre: era la anunciación de tus caderas. Si tus manos son manos, ¿cómo son las anémonas? Cinco uñas se apagan en tu centro. No haber estado el día de tu creación, no haber estado antes de que Su mano te envolviera en sudarios de inocencia ?y no saber qué eres ni qué estarás soñando. Hoy te destrozaría por saberlo.