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Subida al cerro (Peregrinaje a la cruz)

La cruz está en la punta del cerro. Allí se salvaron, cuentan los viejos, los pescadores y sus familias cuando el mar se salió una noche que el auto esté siempre mirando al cerro aconsejaba mi abuela cada verano el mar es traidor, uno nunca sabe. Los sobrevivientes cararon en sus hombros una cruz hecha con los maderos           húmedos de sus casas destruidas y la colocaron allá arriba, donde el mar no pudo llegar. Cada lunes subían para dar gracias. Cada lunes subíamos nosotras después del baño           de la tarde en caravana llevando velas blancas y un palo a modo de bastón para afirmar nuestros pies en la segunda curva, la más           peligrosa. Arriba, rezábamos en voz alta un rosario completo turnándonos los misterios gozosos. Una vez mi madre no sé si en agradecimiento a un favor concedido o implorando un ruego vistió la cruz con cintas de tafetán celeste: ya en esa época no sólo se subía para agradecer por la vida la cruz y el cerro también concedíanf avores bastaba una promesa: subir todos los lunes que durara           el verano a la misma hora año tras año.