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Polvo (fragmentos I)

                                                            ... y en polvo te convertirás.                                                   Génesis, capítulo 3, versículo 19 I Me envuelve el polvo, y me inquieta. ¿Por qué vendrá de tan lejos? Y ¿cómo en residuos viejos mundos pasados sujeta? -El polvo no tiene meta, ni principio habrá tenido; sé que siempre ha contenido, en su eternidad convulsa, la arcana fuerza que impulsa a lo que es y a lo que ha sido. IV Polvo constructor del mundo, mundo de sangre impregnado, lo gris por rojo has mudado, lo estéril por lo fecundo. Es tu poder tan profundo, que de sangre has hecho ideas; temo que divino seas pareciendo terrenal, pues te presiento inmortal porque tú mismo te creas. VIII Te veo por los tejados, por las alas de mi suerte; en los espejos, al verte, miro mis poros ajados, de eterno polvo impregnados, de antiguas muertes nutridos al igual que mis sentidos. Polvo que polvo vas siendo, mi cuerpo te está sirviendo de antena de tus latidos. IX A un doble polvo enemigo mi rostro está sentenciado: al uno nació ya atado; del otro busca el abrigo. Dos muertes lleva consigo: una alegre, otra sombría; aquélla siempre varía, ésta sin moverse espera. Si una es ya mi calavera, la otra es mi máscara fría. X De pronto vi mi cabeza en el espacio perdida, con pensamiento, y sin vida, y sin humana impureza. Sentí profunda extrañeza; mas luego entendí mi lodo, y fui descubriendo el modo de hacer mi cuerpo infinito: Mi polvo al polvo remito, dejo de ser... ¡y soy todo! XII Ya soy criatura sin piel: el polvo me la ha robado, brutalmente la ha arrancado y ahora lo cubre a él. Mira, polvo, eres cruel: de fango me has construido, a mi alma diste sentido y te va a nutrir mi muerte. ¡Dame otra piel que liberte este cuerpo escarnecido! XIII Cuando en polvo esté esparcida mi carne ya no vibrante, y este cerebro enervante deje de inventar la vida; ahí en la tierra, perdida, encontraré polvo amigo, de alguien que lloró conmigo hasta consumir sus ojos. ¡Qué alivio que sus despojos le den a mi polvo abrigo! XIV Cuando mi carne podrida, al irse polvo volviendo, sienta que se está fundiendo con alguien que odió en la vida, querrá buscar la salida por los poros de la tierra, pues entablará una guerra con ese polvo enemigo. ¡Ay, que temible castigo mezclarse con lo que aterra! XV Polvo, ¿por qué me persigues como si fuera tu presa? Tu extraño influjo no cesa, y hacerme tuya consigues; hoy mi humillada figura, mañana en la sepultura te has de ir mezclando conmigo. Ya no serás mi enemigo... ¡Compartirás mi tortura! XIX ¡Oh polvo, angustia esparcida! ¡Llanto que en mis huesos llevo! Pensando en ti, ya me atrevo a no sentirme en la vida. Me estoy soñando perdida en tus hambrientas arenas, mientras mi carne condenas y consumes mi figura, ya somos lo que perdura: la materia sin cadenas. XXI Polvo, cómplice enemigo, a un tiempo goce y tortura, mi libertad y clausura, mi recompensa y castigo; todo lo tuyo investigo porque observándome estoy. Dicen que viviendo voy, y yo siendo lo contrario; mi existir no es voluntario, de ti, polvo, aliada soy. XXII Al fuego, al temible fuego, al que todo lo devora con su violencia invasora, ya sin temores me entrego. Polvo hará de mí, mas luego que me convierta en ceniza, esta lumbre advenediza tendrá el fin que ha provocado: mi polvo habrá exterminado el fuego que me esclaviza.