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Poema.es

A Domingo Martos (mi maestro)

La muerte del viejo surrealista se logra con un trazo firme seguro una línea gruesa que la divide en formas grises de sólidas filosofías cubistas y lo desperdiga luego en cientos de hojas ocres sobre los Santos Lugares su tierra pequeña al lado del cielo siena de Saenz Peña. Se le dice al oído que su amor está enterrado en ataúd de mimbre con esencias perfumadas por siempre y que por él que va hacia ahí no habrá plañideras ni lunas rojas ni miradas amarillas ni juegos de naipes taimados mortales. La muerte del viejo surrealista se continuará en la voz de Acosta (de las paganas tierras de Caseros) que desde la cárcel borracho humillado en azul eléctrico y frío dirá como aquel: ?En cualquier momento, me pájaro y me vuelo...?. En la fosa más pobre el viejo surrealista de cuerpo liviano y ramas secas permitirá que el viento que sustenta a pelícanos negros pase irisado entre ellas las ramas de oro se vuelva sonido y sea: los algodonales y los obreros las coplas de vinilo los sonetos de tallada madera los anocheceres de estatuas de piedra los poemas en la Rusia esteparia las ginebras de fuegos blancos ... las ginebras de fuegos blancos por él servidas ?Lección número uno:? ?para comenzar a entender el camino de las letras..., lección número uno...? La muerte del viejo surrealista (columna dórica en el aire) torna a las manos del poeta un tanto más solas lo obliga a brindar con el vacío lo ubica en una avenida inmensa final y solitaria en la madrugada naciente la del surgente dolor. Y de los bares en invierno nos va llegar su palabra alegre que dirá: ?Señor somos esencia de elevadas travesías y nuestros sueños nuestros sueños naufragan hacia arriba...?.