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Poema.es

Piedra

Al final de la tarde, después de un día oscuro su piel acartonada en los tejados, lluvia de madrugada y un viento suave de tiza humedecido, por un instante breve, nace una luz cansada que bautiza de fiesta a las fachadas. Me acerco a la ventana y el paisaje nombrado tantas veces me enmarca un lienzo nuevo, mientras la luz perfuma tus temblores. Al inclinarme lento a descifrar la piedra iluminada de tu valle, el tiempo me recibe con sus montes cerrados, convirtiendo mis labios en torpes espejismos donde el deseo muerde su enigma más helado. Y escuchando el sonido del incendio de nuestro antiguo fuego, confundido por códigos y signos que son indescifrables, me hundo en la ceniza de tu almohada, a que llegue la noche y me condene desnudo entre la piel de tu paisaje.