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Daimon atopon (II)

Árbol de olvido, tú, cuerpo incesante, paloma suspendida sobre el vértigo. Hay una sal azul tras de tus cejas, un mar de abierto fuego en tus mejillas y un tic-tac indecible que me lleva hasta un profundo dios hecho espuma. Y es otear el aire, arañar el misterio, acuchillar la sombra. Y te voy descubriendo, metálica mujer, entre el espino: un murmullo de sangre transparente en el rostro perdido del silencio.