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Los adivinos en la asamblea del aire

los adivinos en la asamblea del aire se van con las canciones que rebotan en hombros de mármol o en platos de bronce donde reposa la estatua de una uva o el piélago de vino la rada de sangre de una virgen que dejara sus menstruos en el cuenco de un sabio muerto desde días inmemoriales en posición de escultura a punto de ser confinada a un hueco por el que se cae no se sabe a dónde y por el que se accede quien sabe a qué después de la algarabía en los palacios rebuznan los asnos del tedio bosteza una lápida los muertos arrastran sus canastas de odio sin importarles el tintineo o el garbo de la dama que camina bailando con la gracia de su copete rodeado en espiral por una cinta azul así representaríamos a Melancolía en una plazoleta de pueblo regresa de una jornada de toros por no decir cornada con vestuario en múltiples tonos del rojo hasta desfallecer jaspeado de sangre de adolescente sacrificado en los carnavales *** melancólico se percibe el hálito de las muchachas envueltas en túnicas de nube errabunda en el azur apoyadas en sus codos sobre la mesa de marfil hacen círculo en torno a una esfera de inscripciones talladas con el cincel del relámpago que las trajo al reino de sopor y muerte donde cantar es reír al rayo una irradiación violeta las protege de los lascivos para que no se manchen sus atuendos ni sus pieles se ajen para que siga el hilo de sus risas sonando en las alcobas donde todo permanece intacto aluviones de tedio traspasan las miradas de los cejijuntos y de las damiselas en legión por avenidas de paredones ocres y viento ferruginoso con aldabones en puertas que se abren hacia unos patios de ultratumba vistos en el cine del intersueño *** nos miramos para romper el pedernal que esconde las caricias en un océano negro donde rayos de piedra iluminan a los más incógnitos peces hechos de barro amasado en soles la pasión de los árboles impulsa la savia del día que germina en risas en surtidores de vino se esconden los signados por un licor más ágil que la llama caparazones de escarcha envuelven el sonido que cambiaría el rumbo de las aves en campos de ceniza manos ortopédicas semienterradas dicen adiós *** vamos llegando a los bosques ígneos a los lagares de fuego ante los que pájaros con picos de piedra ejecutan un piano de huesos vamos bordeando la hora giraestallante con umbelas de música las espirales del viento se llevan nuestros amores hacia islas de alborada y en las catedrales de las nubes tornasol invade los recintos afluentes del gris y del rosa se mezclan al caer en cascadas de una finísima arena sideral describiendo en su caída magnificas arquitecturas al tránsito del ojo