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El perro sin plumas- (Paisaje del Capibaribe II)-(Continuación)

Porque en el agua del río es donde ellos se pierden (lentamente y sin dientes.) Allí se pierden (como no se pierde una aguja.) Allí se pierden (como no se rompe un reloj.) Allí se pierden como no se rompe un espejo. Allí se pierden como se pierde el agua derramada; seco el diente seco con que de repente en el hombre se rompe el hilo del hombre. En el agua del río, lentamente, se van perdiendo en fango; en un fango que poco a poco tampoco puede hablar: que poco a poco asume los difuntos ademanes del fango, la sangre de goma, el ojo paralítico del fango. En el paisaje del río es difícil saber dónde empieza el río; dónde empieza en el río el fango; dónde la tierra empieza en el fango; dónde el hombre, dónde la piel empiezan en el fango; dónde empieza el hombre en aquel hombre. Difícil es saber si aquel hombre no está ya más acá del hombre; más acá del hombre capaz al menos de roer los huesos del oficio; capaz de sangrar en la plaza; capaz de gritar si la muela le tritura el brazo; capaz de tener la vida triturada y no únicamente disuelta (en aquel agua blanda ablanda los huesos como ablandó las piedras.)