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SONETO DE LA AUSENCIA

¿Me oyes, amor? Hay un fragor de trenes, o quizá de batanes o de espigas que te aleja de mí. No, no me digas que te irás para siempre. Los andenes se despoblaron. Yo, regreso. Penes por donde penes, corazón, no sigas, no te sigas marchando. Más fatigas y más amor perdido si no vienes. Ay, dolor, que yo sé lo que me pasa. Que mi casa sin ti ya no es mi casa, y el aire ni respira ni madura. Que estás dentro de mí, pero no basta aunque te lleve hasta los huesos, hasta la misma pena que hasta ti me dura.