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Protestas de piedad

I En esta Cárcel donde los hombres me trajeron, en donde la injusticia de una ley nos encierra: he pensado en tumbas en donde se pudrieron magistrados y jueces que hoy son polvo en la tierra. Magistrados y jueces y verdugos serviles que imitando, simiescos, la Justicia Suprema castraron sus instintos y sus signos viriles por jugar al axioma, a la norma, al dilema. Quisieron sobre el polvo que pisaron, villanos, ayudar al Demonio que sanciona a los muertos por mandato divino y en vez de ser humanos enredaron la urdimbre de todos los entuertos. Creyeron ser la mano de Dios sobre la tierra, la ira santa, la hoguera y el látigo encendido, hoy duermen olvidados bajo el sopor que aterra, silencio, polvo, sombra, ¡olvido! ¡olvido! ¡olvido! II Y pienso que algún día sobre la faz del mundo una justicia nueva romperá viejas normas y un futuro inefable, justiciero y profundo imprimirá a la vida nuevas rutas y formas. Desde esta Cárcel sueño con el vasto futuro, con el tierno solloza que aún palpita en las cunas, con las voces divinas que vibran en el puro cielo bajo la luz de las vírgenes lunas. Sueño con los efebos que vendrán en cien años cantando himnos de gloria resonantes al viento; en las futuras madres cuyos vientres extraños darán a la luz infantes de puros pensamientos. Sueño con las auroras, con los cantos infantiles con alborozos vírgenes, con bautismos lucientes: que los astros coronan a las testas viriles y su clamor de seda es un chorro en las frentes. III Desde aquí sueño, Madre, con el sol bondadoso que viste de oro diáfano al mendigo harapiento, con las vastas llanuras, con el cielo glorioso, con las aves errantes, con las aguas y el viento. La libertad del niño que juega sobre un prado, del ave que las brisas riza con grácil vuelo; del arroyo que canta, corriendo alborozado; del astro pensativo bajo infinito cielo. La libertad que canta con las aves es trino, con los niños, es juego; con la flor, es fragancia; con el agua canción, con el viento divino véspero, errante aroma de lejana distancia Todo es nostalgia, Madre, y en esta Cárcel fría mi amor de humanidad, prisionero, se expande y piensa y sueña, y canta por el cercano día de la gran libertad sobre la tierra grande. IV Sin ti, madre, la vida sería un don maldito; una infame limosna de la carne sufriente; pero tu amor, es rosa y es cristal inaudito, es la divina música y es pensarosa fuente. Hace ya muchos siglos que te vivo y te siento. Mi tristeza es belleza de un extraño destino, hacia ti me llevaba este o esotro viento, hacia tu eternidad ese o aquel camino. Como tú eras eterna, como tú eras divina, como sobre tu frente caminaron los astros, me creaste divino por gracia peregrina: la eternidad, sumisa, seguirá nuestros rastros. V Por ti, la raza humana, madre, se transfigura ante mis pobres ojos, por tu amor se redime la carne y la pasión. Por tu inmensa dulzura nació en mi la piedad para el hombre que gime. ¡Dolor de ser tan triste y tener que ser bueno porque siempre en mi frente siento que están tus manos! ¡Dolor de ser dulzura para tanto veneno y de tener el alma puesta en astros lejanos! ¡Dolor, madre, dolor, de escribir mi elegía por darte en rosas pálidas un secreto tesoro! ¡Dolor, madre, del canto que profanará un día un mendigo, un tirano y el becerro de oro! ¡Dolor, madre, dolor de tener que cantar porque un nudo fatal se anuda a la garganta, dolor de no poder odiar, y amar, amar a un pueblo vil que deja poner en sí la planta! ¡Dolor, madre, dolor de tener que vivir y amar la vida cuando lo vulgar mancha el mundo; y dolor de saber que se ha de revivir sobre una tierra pura que mancha el rico inmundo!