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Otoi que j?eusse aimée...

Y ahora una digresión Consideremos esa variante del amor que nunca puede llamarse amor Son aislados instantes sin futuro En la ciudad donde estaré tres días nos encontramos Hablamos cien palabras Pero un brillo en los ojos un silencio o el roce de las manos que se despiden prende la luz de la imaginación Sin motivo ni causa uno supone que llegó pronto o tarde y se duele ('no habernos conocido...') E involuntariamente ocupas tu fiel nicho en un célibe harén de sombra y humo Intocable incorruptible al yugo del amor viva en lo que llamó De Rougemont la posesión por pérdida