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La rosa de abril

Zagalas del valle, que al prado venís a tejer guirnaldas de rosa y jazmín, parad en buen hora y al lado de mí mirad más florida la rosa de abril. Su sien, coronada de fresco alhelí, excede a la aurora que empieza a reír, y más si en sus ojos, llorando por mí, sus perlas asoma la rosa de abril. Veis allí la fuente, veis el prado aquí do la vez primera sus luceros vi; y aunque de sus ojos yo el cautivo fui, su dueño me llama la rosa de abril. La dije:-¿Me amas?- Díjome ella:-Sí-. Y porque lo crea me dio abrazos mil. El Amor, de envidia, cayó muerto allí, viendo cuál me amaba la rosa de abril. De mi rabel dulce el eco sutil un tiempo escucharon londra y colorín; que nadie más que ellos me oyera entendí, y oyéndome estaba la rosa de abril. En mi blanda lira me puse a esculpir su hermoso retrato de nieve y carmín; pero ella me dijo: -Mira el tuyo aquí-; y el pecho mostróme la rosa de abril. El rosado aliento que yo a percibir llegué de sus labios, me saca de mí; bálsamo de Arabia y olor de jazmín excede en fragancia la rosa de abril. El grato mirar, el dulce reír, con que ella dos almas ha sabido unir, no el hijo de Venus lo sabe decir, sino aquel que goza la rosa de abril.

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