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PARA LAS DÉCIMAS DE NICOLÁS GUILLÉN

Sin aumentar su poder, Júpier ya no merienda, y que el instante comprenda la lucidez sin ceder el rasguño de la venda. La naturaleza fascina la escama que se inclina tanto al aire que al cristal, cuando hiende el calamar a la cipriota divina. Pregunta, deja el reverso el cumpleaño del verso, sonrisa de la toronja la amarilla luz esponja. Fiesta y final de la luz, brillan los huesos en cruz. Azul oscuro la trampa, la tapa sopla y levanta. Salta hasta los mismos ojos, clásicos ya sus antojos. Viene como los cantores, taburete, compás y fines. Silenciosa la sitiería, cumple la orden día por día. Felizmente su papeleta tiene la fecha y la glorieta de los cantores en la noche, condecorado va en un coche. Las mulas son cascabeles mascan mosquitos y papeles.