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Planto de dársenas (V)

...Hela aquí con nosotros, noche que entreabre con delicadeza la corola del convólvulo violáceo y las puertas del lupanar. Las rameras son sordas como chacones escurriéndose entre las grietas de la tapia, pero llevan entrañados como canteras un gesto y una belleza de estatua. 'Ah, nosotras éramos suaves y lozanas como un navío cuya carga es toda de azahares, pero nos ha tocado dar de frente en los puertos tras una deriva ineluctable.' 'Ah, nosotras creíamos antaño en el beso de ámbar bajo la luna, cuando dos cuerpos adolescentes se reclinan en la barda donde una vez estampara su silueta un tupido jazminero en flor.' 'Hoy su reliquia es sombra. Mírala, tócala. Está escarchada todavía.' 'Y henos ahora, harapientas, haraganas, halando por las costas nuestra pena como cornudas o tintoreras rampantes.' 'A cada giro de los faros nuestra desnudez ;relumbra como un soplo en los oídos del ascua.' 'Fuimos náyades combatientes, hijas del ardor y el arrebato. Sólo sabíamos halagar con gozo y con ventura a quien ávido osaba con nosotras...' 'Ah, nuestra verdadera madre es la desdicha...' las ninfas y las náyades que fueron movidas a invocar el concurso de las gracias y nada más labraron uno de sus flancos, las aguas y las noches que se aparean oscuras y amargosas como un jarabe de hierbas, sólo de hierbas, la noche lerda, las potrancas raudas, las- aguas en desliz, el aluvión que despeña y abre carcavones en la cordillera, el aluvión que arranca de cuajo los guayabos y los guayos, las aguas alazanas por la noche más retinta, las mujeres más prietas señaladas como yeguas tordillas por el hombre de botines que visita los potreros y compra caballería, recentales, cerdos y ternera aún sin herrar, las mujeres que bajan de lo alto de la escalera rechinante con un lunar muy negro en la mejilla o un mechón en la frente, ah esas potrancas con lucero...