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Destrucción de la mañana (del 11 al 15)

11 Y ha de ser cada día más difícil. Ya no se acercará a mí desde el alba. Su tierna adolescencia detendrían letreros de «Prohibido», «No», «Ya es tarde». ¿De dónde llegará? Si en su figura deslumbra el mediodía, otros amores habrán puesto en su oído usados sueños. Y con cierta aprensión ambos tendríamos que perdonar minucias trascendentes. Cubrir con alegría la tristeza de no habernos hallado el uno al otro en la estación de amar, cuando se es joven. ¿Y si nunca llegara yo a encontrarla? 12 Si pudiera volver a mi pasado... Quizás en mi pasado ella sí estaba y yo no supe verla. Está tal vez en él aún esperando y yo lo ignoro. No es posible volver. Nada es posible. Es todo tan distinto a lo soñado. He de seguir en mi hoy. Confuso. Solo. Aislado. Limitado yo a mí mismo. 13 Salgo a la calle. Dudo hacia cuál lado dirigirme. Da igual un sitio que otro. Todas las direcciones se bifurcan en incomodidad o aburrimiento. De la alta oscuridad baja la lluvia tropezando en las ráfagas del aire y se agarra al cabello, manos, traje... Es bueno caminar en la llovizna. Es bueno andar despacio bajo el agua. Sin rumbo uno asimismo, lluvia y viento, como agua y soplo, nada, por la calle. 14 Los nudillos golpean los cristales de un bar en una esquina. Hasta mí arriba mi nombre que me busca entre la lluvia. Es grato oír el nombre que uno lleva. Es grato descubrir que uno aún importa. Que importa a sus amigos que le llaman cuando pasa uno andando por la calle. 15 Me acerco adonde están. El bar alberga una concentración de espesas sombras que se agitan con ruido y gesticulan en el local oscuro. Como arañas las lámparas descienden desde el techo y acechan los grupitos de las mesas. Y unos rostros sonríen saludándome. ¡Esas caras no son de mis amigos! Son sus caricaturas despiadadas hechas por enemigos implacables. Y ellos estarán viendo al que me usurpa sin mostrar estupor. Por si lo ignoro. Es este nuevo cuerpo el que confunde a la gente. Son estos nuevos cuerpos ilícitos que a todos nos habitan los que impiden la antigua convivencia.