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La vi deidad, y me postré a adorarla...

La vi deidad, y me postré a adorarla, y por volver el ídolo benigno, la prosa olvido, y me dedico a hablarla en el leguaje de los dioses digno. De entonces fue mi signo pintar en mis canciones sus dulces perfecciones; ¡y cuánto, oh cielos, su beldad me ilumina! que es a su lado mi elocuencia parca. Un hilo de agua que en el campo brilla, y el ancho mar que casi el mundo abarca?

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