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Plaza de la Encarnación

                                                             para Roberto Juarroz Hemos encontrado el camino un día deshojado de tiniebla. Hemos estado allí bajo el gran olmo custodio del pensar de un muerto célebre cuidador de gorriones. Nos hemos detenido allí a eternar con las piedras del suelo y las campanas en memoria del jazmín y la orquídea, casi olvidados del creciente invierno. Existe pues la plaza, pero un día tratamos de mostrarla y no aparece como si la ciudad tuviera vergüenza de entregar lo bello. Nos ha dejado estar en ella solos: se esconde si queremos compartirla. Fugada reaparece en la otra plaza pidiéndonos sin voz le restauremos su íntimo esplendor de nacimiento. Madrid, 1987 (Vuelta, México, Sept. de 1994)