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Viajes de Penélope (50)

Año tras año diste muerte a los tercos pretendientes que orillaban mi patio: desde fuera del tiempo los vencías antes aun de divisar la playa en que nos damos cita Y yo que los quería ya de tanto tejer por destejerles y por tanto reclamar tu mirada los veía morir uno tras otro a golpes de infinito tiernamente inmutable Así murió el que me entreabría las ventanas del alma murió el que sepultaba las llaves de mi nombre en el océano: murieron porque aún no había Dios ni trinidad ni magia Y cada primavera yo volvía a proyectar torneos estivales suscritos a una lágrima: certidumbre de la doble faena de tus manos en su áspero venir a nuestro abrazo