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Podemos vivir sin el pajarito mandón

En el centro de la hostia una pestaña, esto afecta al sacerdote, pero no, en realidad nunca pareció más blanca, como el vello de un vientre lo empurece en designio. Manchas de pantera el tiempo corre con batallas, cismas , y la cicatriz de Ruán: Así se lo distingue de la tapioca eterna, esa perfecta sopa de estrellitas, cada cosa en su lugar y un lugar para nada, el Señor como un árbol desparramando el exacto número de hojas y la semana tiene siete días justos, quién lo discute. Yo. Por eso quédate en la hostia, pestañita, obliga al monaguillo a darse vuelta ponte como un gran viento entre la misa. (Esto es un hombre: las fogatas que alzamos triangulando la noche, haciéndola de nuevo, aunque no dure.)